Redacción Monsviridis – Criticada previamente por la Administración Trump por no tener ninguna experiencia en comercio cuando fue postulada para el puesto, y habiendo quedado envuelta en corrupción durante su desempeño como ministra de finanzas nigeriana, Ngozi Okonjo-Iweala es la nueva presidente de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

La nigeriana, que cuenta con el respaldo de China por su visión globalista que favorece las prácticas comerciales predatorias del Partido Comunista Chino, estudió en Harvard y en el MIT y tiene una carrera de 25 años en el Banco Mundial.

Según Breitbart, su designación que estaba trabada por la presión del expresidente Trump, se ganó los elogios de la Cámara de Comercio de EE. UU. de la administración actual y del ministro de comercio chino.

Robert Lighthizer, ex Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR) de Trump, criticó previamente su candidatura debido a la falta de experiencia en lo que respecta a la misión central de la OMC.

“Necesitamos una persona que realmente sepa de comercio, no alguien del Banco Mundial que haga desarrollo. Hay muy pocas áreas en las que uno diría: ‘Aquí hay una organización en muy mal estado, traigamos a alguien que no sabe nada de su misión principal”’, criticó Lighthizer.

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Reputación cuestionada

Según un reporte de AFP, mientras Okonjo-Iweala fue ministra de finanzas de Nigeria, desaparecieron grandes cantidades de dinero de la venta de petróleo del país.

Además, el activista de derechos humanos nigeriano Olanrewaju Suraju dijo que ella no hizo nada para frenar la destrucción del país cuando “tuvo la oportunidad de dimitir de su cargo y denunciar la corrupción”.

“En lugar de ello, se mantuvo callada y permitió que la corrupción de alto nivel se agravara bajo el régimen, para luego quejarse después de dejar el cargo”, declaró Suraju.

Visión globalista que depreda las economías locales

En su reporte AFP señaló que Okonjo-Iweala habló en contra del “creciente proteccionismo y nacionalismo” y pidió que se eliminen “algunas de las barreras creadas por las leyes de propiedad intelectual y transferencia de tecnología”.

Las declaraciones de la exministra encajan con la visión globalista de la economía y las políticas de Beijing, que por un lado inunda los mercados internacionales con sus bienes chinos de mano de obra barata mientras que al mismo tiempo tarifa las importaciones generando un déficit comercial con sus pares, una práctica depredadora que Trump había logrado frenar.

Tal es el caso de Estados Unidos, que en 1985 antes de que China fuera nombrada miembro de la OMC, el déficit comercial de EE. UU. con China era de 6 mil millones. En 2019 esa cifra ascendió a 345 mil millones.

También es el caso para la mayoría de las economías en desarrollo de Sudamérica y África, cuyos mercados son totalmente dependientes de China e incluso muchos de estos gobiernos se han endeudado con Beijing tomando préstamos, que debido a sus economías inflacionarias, nunca pueden terminar de pagar.

Álvaro Colombres Garmendia – Monsviridis.com