La empresa quiso despedir a un empleado, pero el gremio entró en paro general. Decidieron liquidar y cerrar todo. Como dice una canción…”argentinidad al palo”

El lamentable record argentino, que no puede tomar a nadie por sorpresa, ocurrió en la provincia de La Rioja. Allí, hace poco más de un mes, la fábrica Teknor-Pampero había comenzado su producción de calzados de seguridad para empresas.

El gobernador, Ricardo Quintela, el día de la inauguración de la planta señaló que su gestión sigue “apostando al crecimiento productivo a través de empresas que generen trabajo para las y los riojanos”. Sin embargo, un conflicto sindical le dio a la empresa una corta vida: 44 días.

La breve aventura fue un convenio con las autoridades provinciales y el municipio de Sanagasta, que le cedieron en comodato a los inversores por cuarenta años por el lugar donde se desarrollaría la producción. Los dueños de la empresa pondrían el capital de las maquinarias necesarias para producir y contratarían 27 trabajadores de una cooperativa para poner en marcha el emprendimiento. Al poco tiempo, el grupo empresario consideró necesario despedir a uno de ellos, pero un conflicto gremial terminó liquidando la joven la empresa.

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El sindicato de los trabajadores entró en huelga general, buscando forzar a los dueños a que recontraten al empleado despedido. La respuesta fue terminante: lejos de someterse a la extorsión y, seguramente previendo que, de hacerlo, esta sería la primera de muchas otras, decidieron pagar todas las indemnizaciones, llevarse las máquinas y cerrar todo.

“La planta cerró definitivamente. Esta semana los trabajadores, que venían de una cooperativa, van a estar cobrando sus indemnizaciones y la empresa retirará sus máquinas. El conflicto comenzó por el despido de un empleado y lamentablemente la empresa decidió rescindir el contrato y cerrar”, confirmó Saúl Carrizo, secretario del sindicato de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado.

Teknor-Pampero producía calzados de seguridad para las marcas Gauchos y Firestone y fue la continuación de una fábrica de la empresa Puma, que también decidió cerrar. Los trabajadores, organizados, bajo el paraguas de la cooperativa “Unidos por la Lucha”, venían buscando mantener sus fuentes laborales desde 2017, lo que parecían haber conseguido tras el convenio entre las autoridades locales y el grupo empresario. Pero la intransigencia con respecto a un despido los dejó “unidos y en la lucha”, pero sin sueldo a fin de mes.

Si alguien tiene alguna duda sobre el futuro cercano  luego de este triste record argentino, puede leer La rebelión de Atlas, de Ayn Rand. Mientras tanto, John Galt sigue haciendo su trabajo.

Marcelo Duclos – Panampost.com