Los indicadores económicos comienzan a arrojar impactos negativos como consecuencia de los resultados electorales que posicionan a la izquierda e independientes en espacios de poder y con mayoría para redactar la nueva Constitución

Chile no giró a la izquierda. Decretó su ruina bajo su política fracasada. Esa es la primera lectura de los resultados electorales de este domingo, en los que se catapultó al poder que fraguó usando como madriguera los saqueos, la violencia en las principales regiones del país, ataques a las instituciones y hasta el incendio y vandalización de 118 de las 136 estaciones del Metro de Santiago durante el estallido social que se inició en octubre de 2019.

Los resultados de la megajornada comicial de este 15 y 16 mayo evocan al colapso y a su profundización después de que la ruleta se estancó entre las fichas del Partido Comunista y del Frente Amplio. Sus abanderados ganaron municipios emblemáticos, algunos totalmente sorpresivos, como Santiago, donde se impuso la izquierdista Irací Hassler, acusada de ocultar su multimillonario patrimonio; Maipú, donde aterrizará Tomás Vodanovic, sin contar localidades como Ñuñoa, donde entrará al mando Emilia Ríos, y Viña del Mar, que queda bajo las órdenes de Macarena Ripamonti.

El balance del proceso de escogencia de 2768 cargos públicos, 155 de los cuales serán para integrar la Convención Constituyente que redactará una nueva Carta Magna, 16 gobernadores, 345 alcaldes y 2252 concejales, es complejo.

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Constitución a la izquierda

El ascenso de la izquierda es vertiginoso cuando se observa la configuración de los constituyentitas. La alianza entre el Frente Amplio (FA), el Partido Comunista (PC) y la Federación Regionalista Verde Social (FRVS) –que agrupa a los sectores de izquierda– consiguió 27 asientos con la lista del Apruebo Dignidad. La centroizquierda representada en la lista del Apruebo –con candidatos del PPD, el Partido Socialista, Partido Radical, Democracia Cristiana, Partido Progresista (PRO), Ciudadanos y el Partido Liberal– se quedó con 25 escaños. De esta manera, los izquierdistas –aunque divididos– suman 52 curules del total de 155.

En silencio y lejos de las cámaras, el variopinto listado de postulantes que irrumpe como fuerza política ante la mirada atónita del establishment impulsó a sus representantes hasta con un disfraz de Pikachú.

Pero la comicidad ya no tendrá espacio. Ahora la gran pregunta es con quiénes pactará la lista del Apruebo en la discusión constitucional si durante la campaña se autodefinió como distante de los partidos, incluso lejano del Partido Comunista y del Frente Amplio, organizaciones que rechazaron ir unidas en un pacto electoral.

Esta heterogeneidad abrirá el camino a las contradicciones. Hay que esperarlas, más cuando las fuerzas de izquierda compitieron fraccionadas en dos bloques –lista del Apruebo y lista del Apruebo Dignidad– y coexistirán con los pueblos originarios y los independientes, señalados de ser socialistas disfrazados. Vale destacar que los denominados independientes, agrupados en la lista del Pueblo, lista Nueva Constitución y otros, sumó 48 puestos, mientras que los indígenas conquistaron 17 escaños.

Las negociaciones están de anteojo cuando además la coalición de gobierno, agrupada en la lista Vamos por Chile, no quedó ni cerca de alcanzar la meta de un tercio de la asamblea que redactará el marco legal del país al sumar sólo 38 representantes de los 52 que necesitaba para el tercio.

Esta dispersión de votos planteará una reconfiguración de alianzas porque lo ocurrido es un “estallido electoral”, señala ADNRadio, basándose en el hecho de que “la representatividad de los constituyentes independientes se interpreta como un rechazo a la carta política en general”.

Para otros “es un terremoto electoral. Votó cerca de 40 % y los resultados indican un desplome de los partidos tradicionales, dada la irrupción de los independientes, cuestión que estaba fuera de todo cálculo”, dijo Mauricio Morales, cientista político de la Universidad de Talca, en declaraciones ofrecidas a La Nación.

La votación también dejó “en muy mal pie” a los bloques tradicionales de la política chilena, desde la derecha oficialista hasta los representantes de la antigua Concertación que gobernó el país tras la dictadura de Augusto Pinochet a través de los presidentes Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, al no superar a los independientes y a la “nueva izquierda”.

Un presidente complicado

Vamos por Chile –la coalición del presidente Sebastián Piñera– sufrió, además, una de sus derrotas más emblemáticas en la elección de gobernadores, una vez que Catalina Parot, su exministra del gobierno, no llegó a la instancia de desempate, convirtiéndose en un símbolo del descalabro absoluto en la Región Metropolitana.

Una de las interrogantes de estas elecciones era si la centroderecha iba a lograr sacudirse de la baja popularidad del mandatario y de su gobierno. La respuesta fue contundente. Ningún dirigente llegó anoche a Palacio, revela La Tercera

Con un calendario que se centrará en la Convención Constituyente a partir de junio y en las futuras presidenciales, que tendrán lugar en noviembre, su mandato difícilmente encontrará espacio.

El trabajo, con este escenario adverso, será eclipsado. Resignarse a consolidar el proceso de vacunación –su principal éxito tras el inicio de la pandemia– y en la entrega de ayuda efectiva, serán clave para no ahogarse en las aguas revueltas.

El presidente lo sabe y lo admite. “No estamos sintonizando con las demandas de la ciudadanía y estamos siendo interpelados por nuevos liderazgos”, reconoció desde La Moneda.

Pero el reto más desafiante será que toda la clase política asuma de forma consciente que en el buen término de este gobierno se juega la estabilidad de la República. Y eso exige responsabilidad entre los actores, que hasta el momento ha sido escasa.

Riesgo país se dispara

El mercado ya empieza a reaccionar ante los resultados. La Bolsa de Santiago, la principal plaza bursátil de Chile, se desplomó 9,6 % en su apertura ante la presencia de la izquierda e independientes en importantes espacios de poder que marcarán el futuro del país.

El Credit Default Swap de Chile (CDS, un instrumento financiero que mide el riesgo de impagos) transado en dólares a cinco años, llega hasta los 58,58 puntos, un salto de 8,55 % y su nivel más alto desde principios de abril, en solo horas de conocidos los resultados.

“No era lo que esperaba el mercado”, fue la frase más repetida entre los operadores frente a los resultados, considerando que sus pronósticos apuntaban a que el oficialismo, junto con la fuerza de la exConcertación, dominaría la Convención Constituyente, pero en las urnas pasó lo contrario.

A raíz de ello, el Índice de Precio Selectivo de Acciones (IPSA) prevé una caída de hasta 4200 puntos que significa una reducción de 8,2 %

Impedir más caídas libres de los indicadores dependerá de lo que ocurra en los próximos días, en relación con la Convención y su propia organización. El Tribunal Calificador de Elecciones cuenta con un plazo de 30 días para validar los comicios de este fin de semana y tres más para notificar los resultados al presidente de la República. El propio Sebastián Piñera dispondrá de otros 15 días para convocar a la sesión de instalación de la Convención.

Según los plazos establecidos, la Convención Constituyente debería sesionar por primera vez a más tardar la segunda quincena de julio, instancia en la que se deberá elegir un presidente y un vicepresidente por mayoría absoluta de sus miembros en ejercicio.

Luego, el órgano tendrá un plazo de nueve meses para presentar un nuevo texto constitucional, con la oportunidad de ampliarse por única vez por tres meses más. Una vez que la Convención finalice su propuesta de texto, se realizará un plebiscito nacional de salida –con voto obligatorio– para que la ciudadanía finalmente apruebe o rechace la nueva Carta Magna. Y para entonces, el desempeño de la izquierda volverá a medirse para constatar si esta irrupción no fue fugaz.

Gabriela Moreno – Panampost.com