Rodrigo Rojas Vade, quien es uno de los siete vicepresidentes removiMonsviridis de la Convención Constitucional, vociferó que padecía cáncer y luchaba contra esta enfermedad que lo quebró económicamente por las desigualdades del sistema. Todo era mentira.

Engañó a todos. A su familia, pareja, amigos y a los electores que lo llevaron a ser uno de los siete vicepresidentes removiMonsviridis de la Convención Constitucional de Chile que redactará la nueva Carta Magna, con Elisa Loncón y Jaime Bassa al frente, como presidente y vicepresidente principal, respectivamente. Mintió al país. Rodrigo Rojas vociferó que padecía cáncer y luchaba contra esta enfermedad que lo quebró económicamente por las desigualdades del sistema. Eso dijo una y otra vez. Pero no era cierto.

Su falso relato sobre el diagnóstico de una leucemia linfocítica aguda mixta –una enfermedad que afecta la sangre y la médula ósea, además de ser uno de los cánceres más graves que existen– quedó al descubierto después de dos meses en el hemiciclo. El diario La Tercera lo confrontó por sus versiones contradictorias y Rojas aceptó que cometió “el peor error de la vida” por ocultar que tiene “un diagnostico que le cuesta trabajo reconocer ante el estigma social”. No dice cuál es dicho diagnóstico en el video que divulgó a través de sus redes sociales horas antes de que el medio chileno publicara la entrevista donde admitió su treta.

Una campaña falsa

Rodrigo Rojas pasó de ser un manifestante anónimo en la Plaza Baquedano durante el estallido social de octubre de 2019 a ocupar uno de los siete cargos como vicepresidente de la Constituyente.

Protestó cada viernes con el torso desnudo mostrado sus cejas despobladas y su falta de cabello. A veces cubría sus parietales con mensajes de protesta para exigir “justicia”, incluso pedía “gritar libertad hasta que sangre la garganta”. Para él, las revueltas servían para expresar el descontento frente a un sistema de salud en crisis, donde los enfermos no tenían esperanzas de sobrevivir. Incluso, testificaba que se unió a las jornadas con una “falla de coagulación masiva”.

Las manifestaciones derivaron en el plebiscito para la Constituyente. Tras el triunfo del Apruebo –opción a favor– Rodrigo Rojas volvió a Plaza Baquedano para celebrar. En medio de la multitud que lo rodeó y fotografiaba, tomó una bengala roja y la encendió mientras otro manifestante le levantaba un brazo en señal de victoria. Poco después se transformó en fundador de la polémica y fragmentada Lista del Pueblo, una agrupación de independientes de izquierda que compitió en las elecciones de la Convención Constitucional. Rojas logró los votos en el distrito 13, que abarca las comunas de San Miguel, Pedro Aguirre Cerda, El Bosque, La Cisterna, San Ramón y Lo Espejo de la Región Metropolitana. Durante la campaña, siempre habló de su enfermedad. De hecho, la convirtió en su bandera.

Versiones sospechosas

Las distintas historias del diagnóstico de uno de los vicepresidentes de la Constituyente despertaron sospechas. En sus primeras exposiciones mediáticas aseguró que en agosto de 2013, un gastroenterólogo y un hematólogo le dijeron que tenía leucemia. «Vamos a empezar la radioterapia, la quimioterapia», narró.

Por ello, ese mismo mes empezó su primer tratamiento en la Clínica Alemana, un recinto privado de Santiago de Chile. Desde entonces, empezó a escribir en un blog al que título “Cáncer, realidad sin filtro” los detalles del tratamiento, así como también se dedicó a publicar fotografías en Instagram de sus hospitalizaciones, exámenes y el daño en su cuerpo con el hashtag “cancerfighter”.

“Mi cuerpo se hizo tira por dentro y por fuera. Tenía llagas por el tracto gástrico, el estómago, la piel, la boca. No podía comer ni tragar. No podía dormir. Yo, que normalmente pesaba 77 kilos, salí de ahí pesando 38 kilos. Era tanto el dolor que solo quería dormir. Mi familia lo pasó muy mal. Los amigos que me iban a ver entraban dos segundos, se ponían a llorar, me pedían perdón y se iban. Estaba en aislamiento, tenían que entrar con traje de ébola, cubiertos de pies a cabeza, porque cualquier infección iba a ser la muerte segura para mí. Esa vez estuve 20 días en la UCI y ocupé una cantidad de recursos impresionante”.

Con ese contenido conmovió a quienes desconocían que mantuvo un ir y venir de España a Chile durante dos años para tratar su padecimiento en el  Hospital Vall d’ Hebron de Barcelona. Su trabajo en las aerolíneas Latam y Jetsmart le permitían trasladarse a bajo costo.

Problemas éticos

Diferencias con el equipo de la Clínica Alemana condujeron a Rojas a atenderse en la Clínica Bupa de La Florida. Allá detectaron que algo no estaba bien con este paciente de la Lista del Pueblo que suma otro papelón al conglomerado. A finales de 2020, un médico presentó el caso de Rojas ante el comité de ética asistencial. Su situación se había convertido en algo que complicaba a la clínica.

Pero hasta entonces, esas alertas médicas sólo existían al interior del establecimiento clínico que sabía que no pertenecía a los registros de las Garantías Explícitas en Salud (GAES) –red pública que registra a pacientes con enfermedades vulneraMonsviridis– y el 16 de mayo de 2021, Rodrigo Rojas Vade salió electo como uno de los 27 constituyentes de la Lista del Pueblo con 8,4 % de los votos: 19312 personas confiaron en él y su historia al acudir a las urnas.

Una declaración de farsas

Como autoridad electa, el dirigente de la coalición realizó su declaración de intereses. En ella sinceró que tenía una deuda de 27 millones de pesos chilenos (35000 dólares) con el banco Scotiabank. La razón que dio en el documento público era “deuda bancaria corresponde a financiamiento de tratamiento quimioterapéutico contra el cáncer”.

Un tratamiento que despertó aún más sospechas cuando mostró un “catéter central” al aire, a pesar del riesgo de infecciones cuando las clínicas implantan un catéter reservorio por debajo de la piel, que sólo se pincha para administrar la quimioterapia. “No se mandan para la casa con esas mangueras colgando”, aseguró La Tercera.

Uno de los spots de campaña más compartidos por quien hoy se desempeña como uno de los siete vicepresidentes de la Constituyente corresponde a una conversación con Francisco Donoso, un sobreviviente de leucemia que conoció en las marchas. En un momento del video, cuando hablan sobre qué tipo de gente debería ir a la Convención, Donoso dice: “Queremos que sea gente que viva lo que nosotros pasamos”. Rojas le respondió: “Qué importante lo que dices, que sea alguien que lo haya vivido”.

Ahora, ¿le pedirá perdón a los votantes? «Sí. Siento que me tengo que retirar. No tengo nada más que hacer en la Convención”, responde. ¿Vas a renunciar entonces? «No lo sé. Estoy en una situación compleja”, afirma en su más reciente declaración.

Gabriela Moreno – PanamPost