Por Ronna McDaniel, Presidenta del Comité Nacional Republicano (RNC)

Esta semana, la administración de Biden revirtió una vez más su directriz anterior sobre el uso de máscaras. La cohorte del Dr. Anthony Fauci ahora exige que los estadounidenses vacunados usen máscaras en espacios cerrados. Peor aún, la administración de Biden ahora dice que los niños vacunados y no vacunados deben usar máscaras en la escuela. Y a Biden y a los demócratas no les importa que, afortunadamente, los niños corren un riesgo casi nulo de verse gravemente afectados por el COVID-19.

Los demócratas fallando en respetar la ciencia en lo referente a vacunas y uso de máscaras, y los estadounidenses están hartos y cansados de estos decretos autoritarios que cambian constantemente.

Gracias a la Operación Warp Speed, el innovador programa de desarrollo de vacunas del presidente Trump, millones de estadounidenses se han levantado la manga y se han puesto la vacuna contra el COVID-19. Lo hicieron en parte, porque sintieron que la vacuna representaba un camino de regreso a la normalidad. Hace tan solo dos meses, el mismo CDC que hoy vuelve a cambiar de política nos dijo directamente a los estadounidenses que podíamos deshacernos de la máscara después de aplicarnos la vacuna.

Funcionarios de salud, que nadie eligió, crearon una estructura de incentivos para la vacunación prometiendo una recompensa: quitarnos la máscara, recuperar la libertad de socializar sin preocupaciones, a cambio de vacunarnos. Ahora, han cambiado casualmente de opinión. Para ellos, dar marcha atrás y volver a imponer máscaras es una forma extraordinariamente eficaz de socavar la confianza en la vacuna en todos los Estados Unidos.

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Sin embargo, este tipo de “liderazgo” inestable y cambiante, que genera desconfianza en el pueblo estadounidense, no debería sorprender a ninguno de nosotros. Consideremos nada más la increíble historia de hipocresía de los líderes demócratas sobre el uso de las máscaras. El gobernador de California, Gavin Newsom, fue noticia a nivel nacional por cenar, sin máscara, en un restaurante caro en plena vigencia de los mandatos de máscaras y cierres de negocios en California.

El zar del clima de la Administración Biden, John Kerry, ha sido sorprendido hipócritamente desenmascarado en público dos veces, una vez en un avión. Anthony Fauci asistió a un juego de béisbol de los Washington Nationals desenmascarado y en el punto álgido de la pandemia. ¿Y quién podría olvidar a los demócratas de Texas que abandonaron a sus electores y volaron a Washington, DC para unas vacaciones financiadas por los contribuyentes? Se subieron a un avión privado sin máscara y pronto se convirtieron en un grupo de super propagadores de COVID-19, cuando seis de ellos arrojaron resultado positivo, después de una semana de reuniones con funcionarios demócratas, incluida Kamala Harris.

No es de extrañar que muchos estadounidenses se burlen de los nuevos mandatos de máscaras, dado que los políticos hipócritas que impulsan su regreso solo los respetan cuando les conviene. En contraste, los líderes Republicanos continúan del lado de la ciencia y del respeto a las libertades de los estadounidenses. Gobernadores Republicanos como Ron DeSantis, de Florida y el gobernador Abbott de Texas, han rechazado los mandatos de máscaras del gobierno y han optado por empoderar a sus electores para que tomen la mejor decisión para ellos y sus familias.

Lo más preocupante es el renovado esfuerzo por obligar a nuestros hijos a usar máscaras innecesariamente. Los niños han sido víctimas de un tratamiento brutal a lo largo de la pandemia del COVID-19: los cierres de escuelas excesivamente prolongados han tenido impactos devastadores en el desarrollo y la salud mental de nuestros menores, siendo los niños de minorías y de bajos ingresos los más afectados. Los niños como el mío se han perdido el crecimiento crucial que se obtiene al aprender en el aula junto con sus compañeros de clase.

La Federación Estadounidense de Maestros, dirigida por Randi Weingarten, quien ha sido acusado de antisemitismo y a quien la Casa Blanca atribuye el desarrollo de una guía de políticas sobre el cierre de escuelas, merece una gran culpa por lastimar a padres e hijos en todo el país con su política equivocada. Y la Casa Blanca de Biden merece una gran culpa por escuchar al grupo de Weingarten. La ciencia es simple. COVID-19 no presenta un riesgo significativo para nuestros niños. Deberían estar de vuelta en la escuela, desenmascarados y sin preocupaciones, como se supone que deben ser los niños.

No hay duda de que el COVID-19 es una grave amenaza para la salud. Pero tampoco hay duda de que hemos doblado la esquina en la lucha contra la pandemia. La vacuna es gratuita y está ampliamente disponible, y las tasas de mortalidad por COVID se han desplomado significativamente desde su pico en el invierno de 2021. Seguramente algunas personas optarán por continuar con el uso de las máscaras faciales, y eso está bien. Sin embargo, la administración Biden y los Demócratas han derrochado la confianza del pueblo estadounidense. Ya no tienen derecho a obligarnos a nosotros y a nuestros hijos a usar máscaras, después de haber sido vacunados.

María Silva – miamidiario.com