Redacción Monsviridis – Una médica que sufrió graves efectos adversos luego de haber recibido la primera dosis de la vacuna Pfizer el 23 de diciembre del 2020, lleva meses suplicando por ayuda a diferentes agencias de salud, sin lograr obtenerla, de acuerdo a una entrevista brindada a The Defender.

Danice Hertz, de 64 años, expresó su preocupación ya que considera que estos organismos estatales relacionados con la salud están ignorando miles de efectos adversos.

Hertz comenzó a sentir las reacciones adversas a los 30 minutos de haber recibido la primera dosis de la vacuna de Pfizer y contó que apenas llegó a su casa, le pidió a su marido que llamara a los paramédicos.

La médica dijo que en tan solo 1 día, desarrolló una variedad de síntomas neurológicos, cómo parestesias graves en la cara, extremidades, cuero cabelludo, lengua y pared torácica, además de espasmos dolores de cabeza, temblores, tinnitus, desequilibrio y debilidad. Al otro día su cara se entumeció completamente.

“Sentía como si todo mi rostro estuviera ardiendo, como si me hubieran vertido ácido en la cara. Tenía sensaciones en todo mi cuerpo como si estuviera vibrando. Sentí que tenía una banda apretada alrededor del pecho, dolor en el pecho y falta de aire, y me fui a la cama durante siete días “.

Desde ese momento comenzó a buscar una solución a su problema y en estos 9 meses estuvo en contacto con la Administración de Drogas y Alimentos de EE. UU. (FDA), los Institutos Nacionales de Salud (NIH), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), así como también con médicos de las universidades de Stanford y Harvard y Centro Médico Cedars-Sinai en Los Ángeles.

Hertz también creó un grupo privado en Facebook que tiene a más 160 personas que presentaron problemas neurológicos luego de ser inoculados con la vacuna y que se encuentran buscando ayuda al igual que ella.

“Aunque mi grupo consta de 160 miembros que tuvieron reacciones adversas legítimas a las vacunas COVID, hay otros grupos que conozco que tienen miles”, aclaró.

Fueron varios los mails y los acercamientos que tuvo Hertz con organizaciones gubernamentales, en busca de qué alguien realmente la ayude con su problema y el de miles de personas que están pasando por una situación similar.

En un correo electrónico que envió a la FDA, los CDC y los NIH, el pasado 15 de abril, se puede ver su enojo, ya que las agencias estaban al tanto de las reacciones adversas que estaban sufriendo miles de personas y lo estaban ocultando a la sociedad.

“¿Por qué se mantiene esto en secreto? ¿Cuándo se informará al público para que podamos recibir tratamiento? ¿Nos recuperaremos? No tienes idea del dolor y el sufrimiento por el que han pasado muchas personas. Ojalá pudieras experimentar lo que estamos experimentando para comprender mis súplicas. Es muy difícil vivir así. A veces, tengo tanto dolor que no quiero vivir. Es tan impactante para mí que esta supresión de información y la verdad pueda ocurrir en nuestro país. Como médico, nunca imaginé que esto pudiera ocurrir aquí en los Estados Unidos, con nuestro excelente sistema médico y agencias reguladoras.

Por favor, hagan públicas estas reacciones para que la atención médica esté disponible para muchos como yo que sufren síntomas agonizantes como resultado de estas vacunas. Eventualmente, se dirá la verdad. Necesitamos ayuda ahora”.

Cuando The Defender le preguntó sobre las reacciones adversas y cómo las agencias esconden lo que sucede, Hertz dijo que cree que no quieren llevar pánico a la gente y contar que hay personas que tuvieron reacciones adversas.

A su vez, dijo que si pudiera retroceder en el tiempo, no se daría la vacuna y agregó:

“Tomé todas y cada una de las vacunas que salieron y nunca había tenido una reacción a nada. Entré ese día sin ninguna preocupación porque había sido aprobada por la FDA. Me siento como un idiota”.

Hertz también explicó que está a favor del “consentimiento informado” y que ella como médica siempre se lo ha dado a sus pacientes

“Independientemente de la atención que brinde, ya sea un procedimiento como una colonoscopia o la prescripción de un medicamento, siempre les proporcioné los riesgos involucrados”, dijo.

“No ha habido un consentimiento informado con la vacuna [COVID], y si hubiera sabido, nunca la habría recibido”, agregó Hertz.

Y para concluir, dijo que las personas deben saber de los posiMonsviridis efectos que pueden provocarles las vacunas y que cada uno pueda tomar su decisión.

“Hacer esa elección por ellos está mal”, finalizó.

Sebastian Arcusin – Monsviridis.com