Son 575.000 hectáreas sin carreteras bajo el dominio de grupos criminales, ríos caudalosos y 200 especies salvajes. En ellas, se adentran embarazadas, mujeres con sus bebés en brazos y hombres jóvenes

Piensan que solo tardarán dos días en cruzar, pero demoran hasta seis si logran hacerlo. Y es que la selva del Tapón del Darién —la jungla tropical que une a Colombia con Panamá—  se conoce por ser un punto álgido en la frontera que ahora cruzan los migrantes en busca del sueño americano. Sin embargo, esta zona no solo es densa, fangosa y oscura, sino también peligrosa.

A pesar de conocer estos peligros, esta aventura —que en algunos casos es mortal— es la única opción para venezolanos, haitianos, cubanos, africanos y asiáticos que huyen del hambre, la pandemia y la violencia cuando el dinero escasea.

Son 575.000 hectáreas sin carreteras. Todo un territorio bajo el dominio de grupos criminales, ríos caudalosos y 200 especies salvajes. En ellas, se adentran embarazadas, mujeres con sus bebés en brazos y hombres jóvenes que buscan atravesar el corredor selvático de 266 km entre Colombia y Panamá. Ahora estos linderos forman parte de la ruta que toma la inmigración irregular, la cual intenta llegar hasta México, Estados Unidos y Canadá partiendo desde Sudamérica .

Es el infierno —o eso dicen— escondido entre playas cristalinas y el verdor denso de la selva. Entre el sol caribeño y las lluvias torrenciales. En medio de vallenatos, patacones y lanchas. Entre turistas buceando y migrantes buscando una mejor vida que retrata la agencia EFE en un video del lugar.

Antes de la pandemia los migrantes atravesaban Panamá durante la temporada seca (usualmente entre diciembre y abril) pero las condiciones climáticas quedaron a un lado. Se mueven con un par de maletas mientras son víctimas de la extorsión de coyotes, así como de grupos paramilitares como el llamado Cartel del Golfo, que controlan la zona, aseguró BBC. 

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Cruce en aumento

Tan solo en lo que va de año, 55000 migrantes ya cruzaron la frontera entre Colombia y Panamá, la misma cantidad que los últimos cuatro años juntos. La situación amenaza con desbordar los centros de atención que las autoridades panameñas han instalado para brindar atención a los migrantes tras su paso por la inhóspita selva del Darién.

Según datos del periodista Joshua Goodman de la agencia Associated Press, en Twitter, “los venezolanos también viajan a pie por el Darién para llegar a los Estados Unidos. Solo el mes pasado, las autoridades panameñas recogieron a 246 migrantes luego de la peligrosa caminata por la jungla”.

Epicentro del caos

El municipio de Necoclí, en el norte de Colombia, es el epicentro del caos migratorio. La falta de transporte marítimo y la demanda de boletos mantiene un hacinamiento en esta localidad que carece de la infraestructura adecuada para atender las necesidades básicas de sus propios habitantes.

El agua potable escasea y el precio de los alimentos aumenta, debido a la alta demanda en una zona que pasó de tener 21000 habitantes a 32000, según cifras entregadas por las autoridades colombianas.

Las delegaciones de Colombia —encabezada por la vicepresidenta y canciller, Marta Lucía Ramírez— y Panamá —dirigida por la ministra de relaciones exteriores, Érika Mouynes— pactaron un acuerdo similar al que mantienen con Costa Rica. El dictamen establece un número determinado de migrantes a trasladar diariamente de manera controlada hacia la frontera costarricense, para que puedan continuar su periplo.

La medida impedirá la infiltración del crimen organizado, considerando que entre los migrantes, las autoridades panameñas reportan unas 60 personas con alerta de terrorismo.

El flujo diario será de 650 migrantes para resolver la situación de los 15.000 migrantes varados en su paso hacia América del Norte. Panamá reporta que su territorio en 2021 maneja una afluencia que representa un 33 % de la migración que ha entrado a Panamá desde 2013.

Un negocio millonario

La Interpol junto a la Policía Nacional de Colombia reportan que el negocio del tráfico de migrantes a través del Darién factura semanalmente cerca de un millón de dólares desde 2018 porque “entregan sus ahorros a algún coyote son abandonados en la mitad de la manija, deambulan extraviados sin agua y sin comida algunos hasta que, tal vez con suerte, los detectan los soldados del Servicio Nacional de Fronteras de Panamá (Senafront).

Panamá recibe desde Colombia una oleada de migrantes originarios de países tan diversos como Cuba, Haití, Bangladesh o Somalia. La mayoría de los casos que recibieron en 2016, cuando marcaron la cifra récord de 27000, fueron los cubanos quienes querían aprovechar las ventajas de la política de «Pies secos, pies mojados», que les permitía recibir la residencia legal si lograban llegar a territorio estadounidense.

A la lista se unen los expatriados yemeníes, que huyen del feroz conflicto que devasta su país desde 2015 -con más de 12.000 muertos, un millón de desplazados y una saga de hambruna y cólera.

Gabriela Moreno – Panampost.com