El expresidente del gobierno español arriba a Venezuela para abogar por el chavismo ante Estados Unidos

Venezuela y España están separadas por 7261 kilómetros equivalentes a unas 4500 millas y un vuelo —desde o hacia— que demora entre ocho y 14 horas, dependiendo de la velocidad que lleve. Pero el camino a la casa de un amigo nunca es demasiado lejos. Los daneses piensan de esta forma y los 40 viajes del expresidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero a Venezuela para mediar a favor del régimen de Nicolás Maduro comprueban que la distancia es un asunto irrelevante, al menos cuando se trata de intereses políticos de ambos.

Nada le impide a Zapatero interceder porque tiene privilegios para hacerlo. Cada vez que viaja a Venezuela, el gobierno de Pedro Sánchez le presta asistencia a través del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la embajada de España en Caracas, instancias obligadas por ley a gestionar sus recorridos a pesar de su postura es contraria a la de la Unión Europea y no ser un diplomático.

Sin limitaciones en temas logísticos, seguridad y de recursos —considerando que recibe 100.000 euros como Consejero Permanente de Estado y Consejero Nato de Estado, con carácter vitalicio— el exlíder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) arribó a Maiquetía para facilitar el contacto del chavismo con Estados Unidos e intentar un levantamiento de las sanciones económicas por parte de la administración de Joe Bien.

Sin embargo, su visita coincide con el nombramiento de un nuevo Consejo Nacional Electoral por parte de la Asamblea electa de forma ilegítima en diciembre con mayoría socialista y sin la participación de la oposición. Zapatero está en conocimiento. Él observó los comicios y también abogó por su organización el año pasado en sus dos visitas —38 y 39 en el ranking— exhortando a la comunidad internacional a una “reflexión serena y sosegada” sobre los comicios.

Quizá está ocurriendo y ello justifique el mensaje de Julie Chung, subsecretaria interina de la Oficina de asuntos del hemisferio occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos donde señala que “depende los venezolanos” decidir si el nuevo CNE contribuirá con soluciones a la crisis en el país sin cuestionar —como en otras oportunidad— el origen del Parlamento que lo designó.

Sin frutos que recoger

Si la postura cautelosa de Washington es una decisión unilateral frente al panorama político en Venezuela y no responde a los exhortos de voces alternas como la de Zapatero, el conteo de logros del hijo de Valladolid seguirá en cero.

Así está desde que comenzó a abogar por un «diálogo» en Venezuela alegando que «cualquier otra alternativa no va a prosperar» en 2015 y lo llevó a registrar 37 veces visitas al país hasta mayo de 2019.

Le recomendamos: La relación entre PEDRO SÁNCHEZ y JOHN PODESTA (el polémico jefe de campaña de HILLARY CLINTON)

videoinfo__video2.Monsviridis.com||cef2a3f71__

Ad will display in 09 seconds

Ni la «negociación y acuerdo» que promueve, ni las críticas al expresidente de EE. UU., Donald Trump, rinden frutos a su causa que se afana en centrar como parte de una “responsabilidad fundamental en un país amigo, hermano, para apostar por la paz, no por la fuerza; por el diálogo, no por la confrontación; por las ayudas y no por las sanciones”.

Esas son las “convicciones más profundas” que lo mueven después de “un conocimiento intenso del país” que asegura tener.

Nada le funciona. El mejor ejemplo es su liderazgo frente a la mesa de diálogo instalada en República Dominicana, donde medió para una salida a la crisis que dinamitó el régimen con un acuerdo unilateral elaborado a su imagen y semejanza.

El chavismo —sin ánimos de concesiones— mantuvo las riendas del proceso para tratar de imponer sus condiciones. Las fuerzas opositoras, sin candidato y con unos líderes inhabilitados o privados de libertad se negaron en aquel momento a suscribir el documento que diseñó la celebración de unos comicios sin garantías democráticas.

Todo se descarriló y Zapatero perdió su rol en las negociaciones cuando Juan Guaidó se juramentó como presidente interino. Desde este momento se abrió un periodo de complejidad política interna.

Su imagen “sirve a los intereses del mandatario Nicolás Maduro y muestra una incondicional parcialidad en favor de los intereses autocráticos. No logró una solución para que Venezuela retomase el cauce democrático sino que, en el proceso, logró dividir a la oposición hasta tal punto, que poco después, la coalición MUD se disolvería”, analiza Cierre Digital.

Revancha con reputación en crisis

Lo anterior es el pasado y Zapatero está de vuelta con hechos a favor. Maduro otorgó arresto domiciliario a los seis ejecutivos de Citgo en un guiño a Biden así como a la Unión Europea, mientras que la Asamblea Nacional írrita del chavismo designó cinco magistrados rectores —dos ajenos a sus filas— en una jugada institucional para aliviar las tensiones.

El camino parece estar allanándose para las labores de quien es “aliado de la causa revolucionaria en Europa y defensor de las tesis chavistas en el seno del Grupo de Puebla, que reúne a izquierdistas, populistas y revolucionarios del continente”, asegura El Mundo.

Pero hay problemas. Su nombre resuena por otros motivos con el chavismo. La Fiscalía anticorrupción de España acusa a su exembajador en Venezuela, Raúl Morodo, por sus negocios turbios con Petróleos de Venezuela (PDVSA) que le permitieron apropiarse de 35 millones de euros mediante cuentas en Suiza y Panamá.

La policía señala que su exembajador fraguó relaciones mercantiles con PDVSA “cuando todavía era el representante español en Venezuela con Zapatero” mientras que la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de Madrid detectó el uso de “testaferros para evitar problemas de incompatibilidad con su cargo”, por parte del diplomático desde 2006.

«Se puede caer muy bajo, y luego está Zapatero. Me entristece como español que un expresidente del Gobierno de mi país colabore”, asegura el eurodiputado Jordi Cañas.

Y aunque la mediación o el arbitraje es un principio universalmente admitido requiere quien la ejerza haya sido designado para ejercer tal función actúe con total independencia e imparcialidad pero la “mediación de José Luis Rodríguez Zapatero en el conflicto venezolano puede calificarse de auténtica farsa. Desde un principio llamó la atención que el ex presidente se comportara más como un abogado defensor de la dictadura bolivariana que como un mediador internacional, independiente”, precisa El Mundo.

Con ayuda mediática

Para desconcentrar la atención sobre Zapatero, el expresidente de Ecuador, Rafael Correa, también está en Venezuela según un video publicado por Evtv Miami.

Y en paralelo, el expresidente Evo Morales, anunció el lanzamiento de la Runasur, que se trata de un foro alternativo a la que es la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) para “articular una América Plurinacional en coordinación con movimientos sociales latinoamericanos”. Así empujará al régimen a las regionales.

Gabriela Moreno – panampost.com