Los precios del combustible alcanzaron su mayor nivel desde 2015 tras un ataque informático al Oleoducto Colonial, mientras que la política energética de Biden pone en riesgo la bonanza petrolera de los últimos años.

El ciberataque al Oleoducto Colonial, de una enorme importancia estratégica dentro de los Estados Unidos, provocó importantes de abastecimiento en las principales estaciones de servicio del país. También se desató un clima de “compras por pánico” que acrecentaron el proceso de escasez. 

Cerca del 45% del combustible norteamericano en la costa este es transportado mediante el sistema de tuberías del Oleoducto Colonial, aproximadamente 3 millones de barriles de gasolina, Diesel y combustible para aviones cada día. 

Por otra parte, la política energética de Joe Biden se tornó especialmente agresiva con respecto a la producción petrolera y de gas natural. La cancelación del Oleoducto Keystone XL, que podría haber sido increíblemente útil para apaciguar este tipo de imprevistos, despertó fuertes críticas contra la administración demócrata. 

Los precios de la gasolina treparon hasta el nivel más alto de los últimos seis años, llegando a cotizar en torno a los US$ 2,99 por galón como promedio a nivel federal. Biden no brindó ninguna respuesta contundente por parte del Gobierno federal, y se propone continuar con la “agenda verde” inspirada en el Green New Deal

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La derogación del esquema implementado por Donald Trump en 2017, la cancelación de proyectos multimillonarios de producción energética, la regla federal para el gas metano, las restricciones federales sobre fracturación hidráulica y la vuelta al acuerdo climático de Paris, son solo algunas de las medidas que Joe Bien implementó en su corto período de gestión. 

El Instituto Americano del Petróleo cuestionó duramente al presidente Biden, y asegura que la cancelación de proyectos de inversión como el Oleoducto Keystone XL es simplemente “un acto de miopía” por parte del Gobierno federal. 

La proliferación de este tipo de políticas podría poner fin al liderazgo global que Estados Unidos había conseguido sobre la producción de petróleo. La producción de crudo norteamericano había alcanzo el nivel más alto de la historia en 2019, antes de la llegada de la pandemia. 

Entre 2010 y 2019 la producción petrolera en Estados Unidos aumentó cerca de un 137% y superó la producción de Rusia (que había sido históricamente alta), así como la de Arabia Saudita y otros países miembros de la OPEP. 

La política de facilidades fiscales para el sector energético, promovida por George W. Bush, generó un boom inversor en el mercado que se materializó a lo largo de toda la administración de su sucesor, Barack Obama. 

Este mismo rezago en el efecto de la política energética ya había ocurrido en otros episodios históricos en Estados Unidos, el más famoso ocurrió en la administración de Richard Nixon, cuando su política petrolera y la aprobación del Oleoducto de Alaska permitieron un aumento de la producción que solo se pudo materializar casi cuatro años después de su mandato. 

El ex presidente Obama se adjudicó todo el crédito por la expansión de la producción entre 2010 y 2015, pero lo cierto es que sus políticas apuntaron en la dirección contraria, y el ahora presidente Joe Biden pretende continuar con su misma agenda

“Estamos produciendo más petróleo y gas natural a pesar de la política federal actual (la administración Obama)no como resultado de ella“, explicaba el Instituto Americano del Petróleo en el año 2013. 

La administración Trump había logrado superar una suerte de estancamiento sobre la producción y, a partir de la desregulación y la histórica rebaja de impuestos, Estados Unidos volvió a liderar la producción global sin problemas. Entre enero de 2017 y diciembre de 2019 la producción de crudo norteamericano aumentó un 44,3%

Producción petrolera en Estados Unidos entre 2014 y 2021. (Federal Reserve of St. Louis)

Los aumentos impositivos y las nuevas regulaciones sobre el mercado energético suponen la cancelación de un gran caudal de inversiones y la desaparición de miles de puestos de trabajo vinculados a la generación y provisión de energía. 

Solo con la cancelación del Oleoducto Keystone XL, Estados Unidos perdió una iniciativa de inversión valuada en US$ 9.000 millones, un costo en puestos de trabajo estimado en 28.000 plazas laborales, y la falta de energía barata para miles de familias norteamericanas.  

Fuente: derechadiario.com.ar