En un solo día casi 100 venezolanos fueron detenidos en Río Grande, Texas. Mojados y con escasa documentación buscan lo mismo que muchos mexicanos, centroamericanos y cubanos: un mejor futuro en la cuna del capitalismo

La cantidad de personas que está llegando a la frontera sur de Estados Unidos despertó especial atención a inicios de este año. Los números comenzaron a subir luego de que el presidente Joe Biden flexibilizara políticas migratorias y otorgara concesiones a quienes ya estaban en suelo estadounidense.

Nicaragüenses, salvadoreños, mexicanos y ciudadanos de otros países comenzaron a cruzar en masa sobrepasando cifras históricas. Dentro de esas otras nacionalidades también hay venezolanos, quienes llegan a ciudades como Del Río o La Joya, en Texas, con el objetivo de muchos: tener un mejor futuro en la cuna del capitalismo.

A mediados de mayo alrededor de 45 migrantes venezolanos cruzaron la frontera de forma irregular para ingresar a Estados Unidos, según un reporte de Fox News que mostró en imágenes a los recién llegados luego de atravesar el río. Uno de ellos, entre lágrimas confirmó que provenía desde el país sudamericano. Se trataba de familias enteras, según la cadena de noticias.

Tan solo días después, casi 100 venezolanos fueron detenidos en solo una hora, indicó Daily Caller. Las imágenes muestran cómo una agente fronteriza de EE. UU. sostiene a una bebé de meses mientras su madre logra llegar a tierra.

Los testimonios

No son los únicos casos. Basta investigar un poco para verificar que el fenómeno de venezolanos a pie en la frontera con EE. UU. está cobrando protagonismo. La persecución política y las deploraMonsviridis condiciones de vida en su país son el detonante que los lleva a semejante travesía.

Adriana González, de 37 años, y de profesión farmacéutica, salió de su natal Maracaibo en julio de 2019. «Entraron a mi casa, violentaron las puertas, golpearon a mi esposo, lo enviaron al hospital», contó a ABC desde ciudad de Juárez. Si no pagaba una «vacuna» para mantener su negocio abierto, la amenazaban de muerte.

Con su esposo y dos hijos menores de edad salió por tierra a Maicao, en Colombia, tras pagar 300 dólares por niño a militares en la frontera. De Medellín voló a Panamá, y de Panamá a Ciudad de México. Tenían todos sus papeles, pero agentes mexicanos se los quitaron por lo que cruzaron a EE. UU. por tierra y posteriormente fueron deportados. Luego de dos años, la pareja y sus hijos obtuvieron la cita para optar por el asilo.

Diana y Carlos cuentan que vivían en Maracaibo pero la presión de la dictadura los obligó a cerrar su negocio y huir del país. En su relato a France24 dijeron que perdieron pasaportes, dinero y medicamentos tratando de huir de los agentes fronterizos cuando cruzaban Río Grande. Actualmente están en un refugio de Texas.

Rafael Villasmil salió también en 2019 pasando por Medellín, Bogotá, Panamá, Cancún y Ciudad Juárez hasta El Paso. Fue deportado y vivió seis meses a punta de dinero que le enviaba su familia hasta que pudo entrar legalmente a EE. UU.

«Tengo clientes que han salido de Venezuela cruzando trochas (pasos ilegales) hacia Colombia, toman un vuelo de Bogotá a Monterrey (México) y allí cogen un taxi que es sumamente peligroso hasta la frontera que queda a dos horas por 700 dólares», explicó Rolando Vázquez, abogado de Villasmil en otra nota de ABC.

Las cifras

Las medidas que hasta ahora ha ejecutado Joe Biden en beneficio de los venezolanos indocumentados tampoco parecen abarcar lo necesario. A mediados de marzo otorgó el estatus de protección temporal (TPS, en inglés) solo para aquellos que estaban dentro de territorio estadounidense al 8 de marzo.

Y es que de Venezuela han salido millones de personas debido a la graves crisis económica ocasionada por el chavismo. Son más de 5,6 millones de migrantes en todo el mundo. De ese total, 800.000 son solicitantes de asilo, según cifras de ACNUR.

En abril de este año 8387 personas que permanecían en México en el marco de la política Protocolo de Protección de Migrantes (MPP) pudieron ingresar a EE. UU. «Alrededor de la mitad de las personas de Venezuela (51 %) y Cuba (46 %) con casos pendientes de MPP habían sido puestos en libertad condicional tras ingresar al país a la espera de sus audiencias en la corte de inmigración a fines de abril», señaló un reporte del centro Transactional Records Access Clearinghouse (TRAC), de la Universidad de Syracuse, en Nueva York.

Se estima que a finales de enero de este año 1657 venezolanos habían pedido asilo en la frontera. En el primer trimestre de 2021 se les sumaron otros 1317, agregó la nota de ABC que reflejó el testimonio de Adriana González.

Las esperanzas

“Esto no era usual. Por acá no pasaban venezolanos. Ahora están llegando cada día más y son personas de clase media o media baja. Tienen cierto grado de instrucción y muchos tienen familia en los Estados Unidos. Huyen de Venezuela pues consideran que el gobierno de Maduro los persigue», declaró a Infobae Gladis Cañas, coordinadora de ‘Ayudándolos a triunfar’, ONG mexicana que presta ayuda logística a los migrantes.

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Cañas menciona que no todos están indocumentados. Hay gente que llega con su familia preparada con sus papeles. «Realmente son perseguidos políticos y pasan a Estados Unidos. Desde este punto ha habido casos que han recibido el asilo en la primera cita con funcionarios del gobierno americano”, añade.

Edgar Arias trabajaba en un hospital público donde recibía maltratos por no ser chavista. Debía marchar por la dictadura y unirse a la milicia. Con ayuda de un familiar en EE. UU. compró pasajes para iniciar su travesía. Voló hasta Panamá, luego a Ciudad de México y finalmente en autobús hasta Matamoros.

El éxodo venezolano a diferentes destinos del mundo no parece terminar. El propio Nicolás Maduro lo ha negado varias veces a pesar de que naciones vecinas como Colombia han habilitado programas para regularizar a quienes llegan sin papeles. Si bien sorprende el capítulo de venezolanos caminando en la frontera hacia EE. UU., no es de extrañar que siga ocurriendo en vista de la precariedad con la que sobreviven en su país.

Oriana Rivas – Panampost.com